De los ocho generales en jefe que tuvo la Gran Colombia, constituida por Venezuela, Nueva Granada y Ecuador, Antonio José de Sucre fue el más destacado después de Bolívar, el de más prestigio, el de mayor experiencia negociadora y militar. Todos ellos, menos el almirante Brión, fueron venezolanos. El asesinato de Sucre, planeado y ejecutado por el partido contra la unión de la Gran Colombia, tenía como fin dejar al Libertador sin sucesor, pues este ya estaba muy enfermo y moriría en poco tiempo. El primero de julio de 1830, el general Montilla le comunicó a Bolívar la noticia del asesinato del Gran Mariscal de Ayacucho en las selvas de Berruecos, al sur de Colombia. Al escuchar la noticia, exclamó: “Se ha derramado, Dios Excelso, la sangre del inocente Abel”. Bolívar quedo sumido en una gran depresión de la que no se recuperó. Según la Biblia, Adán tuvo dos hijos: Caín y Abel. Abel fue asesinado por Caín. El motivo del fratricidio fue la envidia de Caín hacia su hermano por ser este el preferido por Dios por haber hecho un mejor sacrificio. En este libro, se habla de cómo la envidia que generaba Sucre, por la preferencia del Libertador hacia él, fue la causa de su asesinato, pero también se habla de sus logros militares, de su capacidad de planificación y negociación, de su temple, su bondad y de su amistad con Bolívar, que duró hasta su muerte.