Nunca me propuse hacer un libro de estos textos sino hasta hace 3 años, cuando gran parte del libro estaba escrito. En el 2010 que empecé a usar Twitter. Mi primera conexión con la plataforma fue y sigue siendo literaria de algún modo, aunque hayamos cambiado tan- to ella como yo. Recuerdo que hubo una época en que pasaba horas pensando antes de escribir un tuit , un trino. La práctica y el paso del tiempo me hicieron sentir que, gracias al uso de Twitter, recuerdo las cosas importantes que cruzaron por mi cabeza. Creo que la labor de escribir cotidianamente lo encontrado, lo re- flexionado, lo buscado, lo sentido, lo vivido y lo dudado en no más de 280 caracteres (antes 140), en alguna medida, te organiza el pensamiento. En la actualidad, muchos de mis dichos provienen de cosas que en algún momento escribí o leí en la plataforma digital. Es el formato literario que ha venido a ejercitar más mi razón; por su concreción, por su posibilidad de fricción con otras voces, por su disponibilidad diaria y hasta por su implicación en superar un pro- bable miedo al plagio por parte del autor. Esto ha sido la tuiteratura para mí: ese salto al abismo de apasionarse por algo que no deja de sentirse volátil nunca. Lo efímero del feed . Lo que se queda oculto o extraviado en el pasado. El sentimiento de que lo que se escribe “te lo califican” tus seguidores en tiempo real, al darle o no darle like o retuit . La incertidumbre de saber si lo estás soltando en el mejor momento o no, si estás expresándote con la justa claridad o no, si va a llegar a quien tiene que llegarle o no. El cuidado para no tener errores ortográficos, de no decir una completa pendejada. En fin, cada quién tal vez lo viva de manera distinta, pero estoy seguro de que el tuitero promedio se identificará con alguno de estos fenómenos. Yo no sé si son aforismos los presentados aquí. No sé si cuentan to- dos con las características tradicionales del aforismo, en cuanto a si son moralizantes, sólidos en la idea y realmente concisos. Qué sé yo. Son tuits. Son mis pequeños escritos, con algo de atención. También están dispuestos cronológicamente, por lo que le será fácil al lector percatarse conforme se avanza del uso de la prolongación y de la te- rrenalidad; ambos aspectos que los años vinieron a dejar tanto por la adhesión del doble de caracteres en la plataforma, como por la solidiicación con el mundo que el tiempo naturalmente trae al ser. Siento que no se me quita la sed por el juego, pero mi inquietud social crece junto conmigo. Al verdadero hedonista no se le puede escapar la degustación de la tierra. Tal vez el cielo es lo que seduce primero al poe- ta incipiente, pero la inquietud del alma se gasta a prisa los cartuchos. De inmediato la tierra luce apetecible. Muy pronto los problemas del ser humano —los fenómenos que la sociedad padece, persigue o discute— se vuelven demasiado atractivos para la razón y para la pasión en sí. La experiencia personal también determina el comportamiento de los tuits en el tiempo. La mayor parte de ellos se gestaron con amplia soledad. Son aforismos donde hay de todo: compañía, conflicto, tedio, éxtasis, ansiedad, depresión, recuperación, viaje, estática, cambios radicales, más estática; es una gran parte de mí. Pues la escritura es eso: si 280 caracteres fueron el germen de este libro, estas ideas, estas listas —me aventuro a decir— son, entonces, dudas. David Aguilar México, 2020