Este libro parte de una premisa incómoda: ciertas configuraciones narcisistas y psicopáticas integradas en mujeres pueden operar de forma más encubierta y socialmente aceptada, sin perder por ello capacidad de destrucción. No se trata de convertir el género en argumento ni de fabricar villanas. Se trata de mirar una realidad que, por prejuicios culturales, se entiende mal. Cuando el narcisismo se imagina únicamente como arrogancia ruidosa, desprecio evidente o dominación explícita, se ignoran sus versiones más eficaces: las que controlan desde la delicadeza, desde la aparente vulnerabilidad, desde la moralidad exhibida, desde el prestigio social o desde el lenguaje terapéutico usado como arma.