Nos presenta un escrito en el que deja en claro que la libertad no es un capricho religioso, es un tesoro que debe ser apreciado por cada creyente en Jesucristo. Ser libres es primordial para prosperar en todas las cosas de la vida, para poder ser ese árbol plantado junto a corrientes de agua, para llevar fruto, para evitar la gran destrucción que la ignorancia y la oscuridad promueven en el mundo sin Dios. Sin embargo, como todo tesoro, no es tan fácil de obtener. Para ser libres, debemos anhelar la libertad, ser conscientes de nuestra necesidad de deshacernos de todo aquello que nos pesa. Debemos pelear por la libertad, lucharla, aferrarnos a Cristo para obtenerla, introducirnos en la presencia de Dios y lavarnos de toda iniquidad, de todo hábito pecaminoso, de toda herida, de toda raíz de amargura y de todo aquello que se constituye como una cadena a la degradación y al pasado traumático. Principios muy claros, organizados para un ameno aprendizaje de las claves que mantendrán en una firmeza de fe y crecimiento a los que han abrazado la fe en Cristo.