Una perfecta mezcla entre filosofía y ciencia aplicada al más importante de todos los temas: la búsqueda de Dios. Con Conocer a Dios , Deepak Chopra nos ofrece una de sus más ambiciosas e importantes obras hasta la fecha, un bestseller internacional que ha inspirado a lectores alrededor del mundo a reexaminar su concepto de Dios. Según Chopra, el cerebro tiene la capacidad de conocer a Dios. El sistema nervioso humano tiene siete respuestas biológicas que corresponden a los siete niveles de la experiencia divina. Pero estos siete niveles no pertenecen a una sola religión (ya que son compartidos por todas las religiones), sino que existen debido a la necesidad del cerebro de encontrar significado en un universo infinito y caótico. Conocer a Dios describe la búsqueda que todos y cada uno de nosotros emprendemos, tanto si lo sabemos como si no. En palabras del propio Chopra, “Nosotros evolucionamos para encontrar a Dios… Para nosotros, Dios no es una elección sino una necesidad”. “Con una percepción sorprendente y una claridad estremecedora, Deepak Chopra ha dado respuesta de la única cuestión que tiene sentido. La raza humana recordará esta época de nuestra historia como el momento en que se ha levantado el último velo de la faz de Dios.” —Neale Donald Walsch, autor de Conversaciones con Dios “El libro más profundamente esclarecedor que jamás he leído. Siento un gran respeto ante la profundidad de sentimientos de estas páginas, sorprendente, brillante, más que un curso para saber sobre Dios, es un curso del conocimiento de Dios.” —Wayne W. Dyer, autor de Tus zonas erroneas Deepak Chopra es autor de más de cincuenta libros que han sido traducidos a más de treinta y cinco idiomas. Entre ellos se encuentran numerosos bestsellers de The New York Times , tanto de ficción como de no ficción. Uno Un Dios real y útil Dios ha conseguido realizar la sorprendente proeza de ser adorado pero invisible al mismo tiempo. Millones de personas lo describirían como un padre con barba blanca sentado en un trono en el cielo, pero nadie puede asegurar que lo haya visto personalmente. Aunque no parece posible ofrecer un solo hecho sobre el Todopoderoso que pudiera sostenerse ante un tribunal, una gran mayoría de personas cree en Dios, para ser más exactos un 96 por ciento según algunas encuestas. Esto revela el gran vacío existente entre fe y lo que llamamos la realidad diaria. Necesitamos llenar este vacío. ¿De qué modo serían los hechos si los tuviéramos? Serían así. Todo aquello que experimentamos como realidad material nace en un reino invisible más allá del espacio y del tiempo, un reino consistente en energía e información, según nos ha sido revelado por la ciencia. Esta fuente invisible de todo lo que existe no es un espacio vacío sino que es el mismo útero de la creación. Hay algo que organiza y que crea esta energía. Convierte el caos de sopa cuántica en estrellas, galaxias, selvas tropicales, seres humanos y nuestros propios pensamientos, emociones, memorias y deseos. En las páginas siguientes veremos que no sólo es posible conocer esta fuente de existencia en un nivel abstracto sino que, además, podemos llegar a intimar con ella. Cuando esto sucede nuestros horizontes se abren a nuevas realidades. Tendremos la experiencia de Dios. Después de siglos de conocer a Dios a través de la fe, estamos preparados para entender la inteligencia divina directamente. En muchos aspectos, este nuevo conocimiento refuerza lo que la tradición espiritual ya nos había prometido. Dios es invisible y, además, hace milagros. Es el origen de todo impulso de amor. La belleza y la verdad son hijos de este Dios. Si no conocemos la fuente infinita de energía y creatividad, las miserias de la vida se hacen realidad. Acercarnos a Dios a través del conocimiento verdadero nos cura el miedo a la muerte, confirma la existencia del alma y da un sentido definitivo a la vida. Toda nuestra noción de la realidad ha sido puesta patas arriba. Dios, en lugar de ser una inmensa proyección imaginaria, ha resultado ser la única cosa real, y todo el universo, a pesar de su inmensidad y de su solidez, es una proyección de la naturaleza de Dios. Estos sorprendentes acontecimientos que llamamos milagros nos dan las claves de su inefable inteligencia. Consideremos la siguiente historia. En 1924, un viejo campesino francés caminaba hacia su casa. Apenas veía debido a que perdió uno de los ojos en la Primera Guerra Mundial y tenía el otro gravemente dañado por el gas mostaza de las trincheras. La puesta de sol era muy brillante y ello le impedía ver a los dos jóvenes en bicicletas que habían doblado la esquina y se dirigían hacia él. En el momento del impacto aparece un ángel que toma por las dos ruedas la bicicleta que va delante, la levanta un par de metros del suelo y la deposita sin daño alguno sobre el césped al lado de la carretera. La segunda bicicleta se detiene y los jóvenes se emocionan enormemente. «¡Son dos, son dos!» grita uno de ellos ref