Si este libro consigue ayudarte, aunque sea un poco, en tu proceso de "darte cuenta", de que "algo hay". Si te ayuda para comprender a tu pequeño/a. Si te allana el camino en esta carrera de fondo, que no va a terminar nunca. Si es así, ya habrá valido la pena. Cuántas veces escuché: "¡tienes que ponerle límites!", “¡eres muy blanda!”, “¡esos berrinches no son normales!”, “la tienes consentida”. Sufrí, lloré y lloro a veces. Hasta mi propia familia me juzgaba, tuve que escuchar mucho desde la ignorancia y en esa ignorancia me incluyo. Siempre supe que era diferente, pero, tras el diagnóstico, todo, desde el más mínimo berrinche al año de vida, empieza a encajar y a cobrar sentido. Tener un hijo/a diferente, exige que tú seas diferente y cuando aprendes a tratarlos, se sienten comprendidos. Cuando esto ocurre, el problema ya no es un problema, sino una forma de ser y de vida, de la que se pueden sacar cosas muy buenas. Es una lucha continua, en casa y en el colegio para evitar frustraciones y aburrimiento. Siempre será duro y será “diferente”, en un mundo donde la normalidad está sobrevalorada. Este libro trata los problemas que pueden llevar consigo las altas capacidades de los niños desde una visión íntima y personal. Narra la lucha de la autora por lograr entender a su pequeña y lograr que los demás la entiendan, describiendo situaciones cotidianas con las que es muy fácil sentirse identificado.