Seguía mi camino con el Señor y sentía que a diario me llenaba más y más de su esencia y esto me daba deseo de servirle y descubrirle con más efervescencia, me nacía esa hambre o entusiasmo por tratar de descubrir esas facetas que se me revelaban que existían en su ser. Hoy me doy cuenta de que, dentro de todas, existen dos que son las que le constituyen: su amor y su justicia. Específicamente estas son las dos que caracterizan a un genuino siervo de Dios, estas dos insignias del Señor son las efectivas para matar los deseos carnales y las indicadas para hacernos semejantes a Dios por medio de Cristo.