"Esencia y Educación de la Magnanimidad"Hay dos vuelos que simbolizan dos estilos de almas: el de la gallina y el del águila. El vuelo de la gallina es de baja al-tura, hace ruido, levanta polvo y revoluciona el gallinero. Es un símbolo de las almas rastreras, con ideales horizontales y carreras de corto alcance. Pueden meter mucho ruido y dar que hablar, pero quedan casi inmediatamente en el ol-vido. Cuando la tierra y las plumas que su alboroto levantó se depositan en el suelo, del vuelo de la gallina nadie se acuerda; fue intrascendente y pasó desapercibido en la his-toria del gallinero. Las almas que apuntan a metas que no traspasan la sombra que proyecta su nariz pasan sin dejar huella; se alimentan con conquistas tan perecederas como la de nuestra gallina.El vuelo del águila es desafiante, altivo, veloz e inalcanza-ble. Su vista es capaz de fijarse en el sol y también de con-templar la plenitud del paisaje desde las cumbres de las nu-bes. Juega con los vientos, planea, se arroja en picada y vuelve a levantarse con celeridad. Desde sus alturas ve los mares como si fuesen charcos y los lagos y los ríos le des-cubren sus secretos volviendo para ella trasparentes sus aguas. Es un ave de caza y de lucha. Es símbolo del alma que se siente estrecha en tierra y desahogada en el cielo; del alma que necesita metas lejanas y difíciles, que puede en-frentar asperezas y obstáculos no sólo sin desánimo sino con emoción y gozo. Es el alma que puede aspirar al he-roísmo y a la santidad. Su paso deja huella y surco. Y de ella se puede decir lo que el Salmo 83:“Cuando atraviesa áridos valles, los convierte en oasis, como si la lluvia temprana los cubriera de bendiciones; camina de altura en altura hasta ver a Dios en Sión”. Educar almas del segundo estilo es un desafío urgente, necesario y difícil. La virtud que es constitutivo formal de tales espíritus se denomina magnanimidad.