En el año del Señor de 1138, cuando el Camino a Santiago era aún un trazo incierto entre bosques, ríos y reinos en disputa, Martín , un hombre marcado por una culpa que no nombra, inicia la peregrinación sin saber que no todos los caminos conducen a un destino visible. A lo largo de la ruta —desde las montañas de Navarra hasta las tierras brumosas de Galicia— el Camino se revela como algo más que una vía de fe: un entramado de signos, silencios y pruebas concebido siglos atrás para custodiar un conocimiento que nunca debió caer en manos impacientes. Junto a Hernán , guerrero endurecido por la frontera, y Elena , mujer excepcional en un tiempo que no concede lugar al saber femenino, Martín irá descubriendo que cada etapa guarda fragmentos de un designio antiguo. Puentes, criptas, monasterios y códices dispersos componen un rompecabezas cuya lógica no se impone, sino que se deja intuir solo a quienes aceptan perder certezas en lugar de acumular respuestas. Mientras otros peregrinos avanzan movidos por devoción, penitencia o huida, ellos se ven envueltos en un conflicto silencioso: custodios invisibles, intereses ocultos y rivales que buscan el mismo final por razones opuestas. El Camino, concebido como un itinerario de desgaste y transformación, separa a quienes desean poseer la verdad de aquellos capaces de comprender su peso. Cuando finalmente alcanzan Santiago, descubren que el verdadero final no es una plaza ni un altar, sino un lugar olvidado donde todo lo recorrido cobra sentido. Allí se revela que el Camino no fue trazado para guiar multitudes, sino para filtrar almas, y que su propósito último no es la revelación, sino la elección. Una novela histórica y mística sobre el viaje como custodia, la fe como frontera y el silencio como forma suprema de conocimiento. Un relato donde el Camino no conduce a un final, sino que permanece.