La idea bíblica de Dios, en el desarrollo teológico del Antiguo Testamento, incluye insistentemente las notas de eternidad, infinitud, inteligencia, voluntad y amor: se habla siempre de un Creador personal, claramente distinto de su obra y totalmente libre con respecto a ella. Pero su vida íntima queda velada en el misterio más profundo, sin que aparezca indicación alguna que permita barruntar lo que la revelación neo-testamentaria nos da en el dogma de la Trinidad. Solamente con esta nueva luz se hace posible hablar del Hijo y de su relación al Padre creador y al Espíritu; ésta es también la base de la relación hacia el Universo en su totalidad y hacia el Hombre.