La tesis principal del presente ensayo es de lo más sencilla: no hay forma, no hay perspectiva desde la cual la invasión haitiana a la República Dominicana sea beneficiosa para este país. La suplantación de la población nacional por legiones de personas sin ninguna calificación profesional, técnica, laboral. Sin patrimonio, en condiciones económicas críticas, al borde de la sobrevivencia. Sin cultura productiva, lo que han demostrado con la devastación de su propio país. Con otra visión del mundo, con otra religión, con otras costumbres, que entran en conflicto agudo con las tradiciones nacionales. ¿Hemos hablado de color de piel, de raza? No, nada que ver. Hablamos del ethos –la personalidad- de los haitianos, en contraste a la de los dominicanos, que nada tiene que ver con la raza sino con la cultura. Adicionalmente, la República Dominicana se independizó de Haití, mientras los haitianos, desde siempre, hasta la fecha, han aspirado a ocupar la Isla entera (“una e indivisible”). Para bien o para mal, los dominicanos y los haitianos son enemigos históricos. Propalar la idea de que los dominicanos no permiten la ocupación de su territorio porque son racistas es un argumento para la extorsión que utilizan los fusionistas: tres potencias occidentales a la cabeza, EUA y Canadá, los países desarrollados de América, que no quieren esa migración hacia sus países. Y Francia, metrópoli con grandes deudas morales con su antigua colonia. ¿Racistas los dominicanos? Pero los dominicanos son mulatos, es decir, resultado del cruce de negros y blancos, ¿cómo pueden ser racistas si su simple color demuestra todo lo contrario? Racistas los negros haitianos, que fundaron su República sobre el criterio del color. Y los norteamericanos que apenas hace unos años tuvieron su primer Presidente negro. No obstante, un argumento muy conveniente. Aprovechando la represión argumentativa que recientemente han impuesto los progres , no se pueden plantear juicios que ellos estimen peyorativos en contra de personas o grupos que también ellos estimen vulnerables. No se puede decir, por ejemplo, que una mujer es inepta, o ineficiente -por concluyente que pueda ser la evidencia al respecto- porque de inmediato se considera un crimen de odio: misoginia. Si por ventura resulta que la señora es negra, mucho peor, a la misoginia se le añade el racismo. Y si es lesbiana, homofobia. De manera que nunca se podrá decir que una lesbiana negra es incompetente, a riesgo de ser estigmatizado y perseguido. Y si no se puede decir es porque… no existen. ¡Voilá! Por definición, es decir, por imposición y miedo, ya no hay en el mundo lesbianas negras incompetentes. Un paso de avance gigante en dirección a la inclusión y la igualdad… En realidad, a la estupidez.