En esta absorbente y emocionante novela juvenil, Jaime de doce años emprende el peligroso y traicionero viaje que le transforma su vida de su hogar en Guatemala a Estados Unidos para vivir con su hermano mayor. Jaime está sentado en su cama dibujando cuando oye un grito. Sabe inmediatamente que su primo hermano y mejor amigo, Miguel, está muerto. Todos en el pequeño pueblo de Guatemala donde Jaime vive conocen a alguien que ha sido asesinado por los Alfas, una pandilla poderosa que es conocida por su violencia y por el tráfico de drogas. Aquellos que rehúsan trabajar para ellos son atacados o asesinados como Miguel. Jaime y su prima Ángela, la hermana de Miguel, temen que ellos van a ser los próximos. Solamente hay un camino para ambos. Deben de salir huyendo de su hogar en Guatemala para irse a vivir con el hermano mayor de Jaime en Nuevo México. Inspirada en hechos actuales, El único destino es la historia de un niño que siente que abandonar su hogar y emprender est a travesía es su única oportunidad para tener mejor calidad de vida. Es una historia de pánico y de valentía, de amor y de pérdida, donde personas extrañas se convierten en familia en el viaje peligroso que le cambia la vida a un niño. Alexandra Díaz es la autora del libro Of All the Stupid Things que estuvo en el ALA Rainbow List y que fué finalista en el New Mexico Book Award. Alexandra es la hija de refugiados cubanos y vive en Santa Fé, Nuevo México. Obtuvo su maestría, con una especialización de escritora para personas jóvenes en Bath Spa University en Inglaterra. Español e inglés son sus idiomas nativos. Actualmente Alexandra enseña como escribir ficción a adultos y a adolescentes. Su dirección de internet es Alexandra-Diaz.com. Alexandra Diaz is the author of Of All the Stupid Things , which was a ALA Rainbow List book and a New Mexico Book Award finalist. Alexandra is the daughter of Cuban refugees and lives in Santa Fe, New Mexico, but got her MA in Writing for Young People at Bath Spa University in England. A native Spanish speaker, Alexandra now teaches creative writing to adults and teens. Visit her online at Alexandra-Diaz.com. Capítulo Uno CAPÍTULO UNO De la cocina vino un grito penetrante. El lápiz de colorear verde se le resbaló de la mano haciendo una raya sobre el dibujo de una lagartija que había casi terminado y en el cual Jaime Rivera llevaba trabajando casi media hora. De un salto, se puso de pie, lo cual hizo que se sintiera mareado a consecuencia de la fiebre que no le había permitido ir a la escuela esa mañana. Su visión demoró unos segundos en aclararse mientras se agarraba de la ventana sin cristal en la cual ya no estaba la lagartija que le había servido de modelo. Respiró profundamente antes de irrumpir en la cocina. El llanto sonaba más fuerte. No, no, no, por favor que no. De ninguna manera podría ser , pensó. Tenía que ser otra cosa. —¿Qué…?—Jaime paró en seco. Mamá estaba desplomada sobre la mesa plástica llorando en sus brazos. Papá estaba parado detrás de ella con una mano sobre su espalda. Aunque estaba callado sus anchos hombros estaban hundidos y lucía tan afligido como ella. Al oír a Jaime entrar, mamá se incorporó. Tenía el maquillaje negro, marrón y canela corrido en su cara, que siempre estaba perfectamente maquillada. Lo haló hacia ella y lo sentó en sus piernas aguantándolo fuertemente como si tuviera dos años en vez de doce. Los brazos fuertes de papá los envolvieron a los dos. Jaime se fundió en el abrazo de sus padres. Pero solamente por unos segundos. La incertidumbre apretaba su estómago en un nudo. Aquello que él había temido por mucho tiempo había sucedido. Él se había convencido a sí mismo que eso no podía suceder porque él no tenía nada que ofrecerle a ellos . Pero ellos no estaban de acuerdo y lo habían expresado claramente hacía dos semanas. Ojalá que él estuviera equivocado y que no fuera eso . Volvió a recordar el incidente que había sucedido dos semanas atrás cuando su antiguo amigo Pulguita llamó a Jaime y a su primo hermano Miguel mientras ambos caminaban hacia su casa después de la escuela. —¿Qué querrá? —Jaime preguntó entre dientes. —No sé, pero por lo menos está solo —Miguel miró de un lado al otro del camino de tierra antes de cruzarlo. Jaime hizo lo mismo. Por lo que él veía, ellos no estaban por ahí. Miguel paró a unos metros del muchacho. Jaime cruzó los brazos sobre su pecho manteniendo la distancia entre él y el que había sido su amigo. Pulguita se recostó contra una pared deteriorada. Su pelo negro y peinado hacia atrás le daba la apariencia de un niñito tratando de ser como su papá. A los catorce años y sin posibilidad de crecer más era mucho más bajito que Jaime y Miguel, quienes tenían dos años menos que él. Pero su estatura no era la única razón por la cual lo llamaban Pulguita. —¿Qué? —preguntó Miguel apenas abriendo la boca. Pulguita levantó sus brazos en el aire como si no entendiera por qué había tanta hostilidad y se