La desaparición de la Unión Soviética dejó durante varias décadas a Estados Unidos como la potencia hegemónica. China y Rusia aún no adquieren, de acuerdo con nuestro criterio, una connotación que les permita reemplazar a la potencia del Norte de América. A pesar del inusitado crecimiento de su economía, falta mucho para que China pueda disputarle el primer lugar a su mayor rival, pues sus debilidades son mayores que sus fortalezas. Rusia se limita a una que otra bravuconada, de vez en cuando y de cuando en vez, para hacer ver a la opinión pública mundial que algo resta de lo que antes fue la segunda potencia mundial; si no fuese por el arsenal nuclear que le dejo la Unión Soviética como herencia, no pasaría de ser un actor de tercera categoría en el escenario geopolítico mundial. Es, así pues, una competencia desigual; esa es la razón por la que China y Rusia se han unido en una alianza que podría equilibrar la balanza; el tiempo nos dirá si de algo sirvió.