Existe un camino poco transitado, misterioso e inhóspito; un camino que muy pocos están dispuestos a caminar. En él vamos perdiendo elementos mecánicos de nuestra personalidad; elementos superfluos de nuestra psicología que solo son últimas para alcanzar más rápidamente la preciada meta. La meta es el ser y el camino el desarrollo interior, única vía existente para alcanzar nuestra evolución. En e l Cuarto Camino , Ouspensky nos brinda todos los detalles, dificultades y pormenores del maravilloso proceso del desarrollo interior. Nos revelan los componentes intrínsecos del automatismo humano, y nos detalla la forma de sobreponernos a ellos. Nos revela las salidas a los atolladeros y trampas de nuestra personalidad compulsiva y mecánica, y nos muestra un camino propio para el hombre moderno, que no es un yogui, ni un faquir ni un monje: un ser humano que debe combinar el desarrollo interior con el trajín de la vida diaria, en los “templos urbanos de las calles y avenidas”. Es un camino que nos exige disciplina pero no el retiro; que nos instala al autoconocimiento sin volvernos excesivamente intelectuales. Un camino que nos revela lo superior de nuestro ser verdadero, dominando los instintos y las falsedades de la mente. Una forma práctica de enfrentarnos a nuestra realidad interior, para salir triunfantes. Ese es el Cuarto Camino.