¿Quién es el alma detrás de estas páginas? Es un corazón que aprendió a latir al ritmo de la esperanza, incluso en medio del silencio más hondo. Es Marlen González, una mujer que escuchó el susurro de Dios en la brisa de la madrugada y lo convirtió en camino, verdad y vida. Es la hija del campo, con la tierra entre las uñas y el cielo en los ojos. La cuarta de siete, nacida entre surcos y canciones antiguas, que desde niña supo que había algo más allá de lo visible, una voz callada del cielo que hablaba sin palabras. Es la niña del vestido verde con quesos dibujados, que entró temblorosa a la escuela pero salió con el alma encendida. Porque en cada paso tímido, había una promesa. Y en cada lágrima, una caricia divina en forma de murmullo, como si Dios le hablara sólo a ella. Es la mujer que se quebró y se rehízo, no una, sino muchas veces, con la delicadeza de quien reconstruye una vasija rota para que el agua del cielo tenga por dónde entrar. No tiene miedo de sus cicatrices, porque sabe que ahí también se cuela el murmullo sagrado que guía y consuela. Es la escritora de esta historia, que no escribe para glorificarse, sino para testificar. Porque si algo ha aprendido, es que las palabras tienen poder cuando nacen del dolor, de la fe y del amor verdadero—y que la voz suave del Altísimo siempre encuentra una rendija para llegar. Es el eco de una infancia sencilla, la resistencia de una madre, la ternura de una hija, la fortaleza de una mujer que se negó a rendirse, aunque el mundo le diera mil razones para hacerlo. En cada batalla, ella aprendió a escuchar la melodía secreta del Espíritu, ese canto que no se oye, pero transforma. Es, finalmente, una voz. No la más fuerte, ni la más elocuente. Pero sí una voz real, honesta, desnuda. Una voz que ha aprendido a escuchar antes de hablar, y que hoy se atreve a contar su historia… porque el susurro de Dios no es para guardarlo, es para compartirlo