La teorí a del color de Johannes Itten puede considerarse una referencia universal para todas aquellas personas — artistas, diseñ adores, historiadores del arte, estudiantes— interesadas en el color y sus complejidades. No hay libro o curso de introducció n al color que de forma directa o indirecta no haga referencia a las aportaciones teó ricas y pedagó gicas de Itten. Publicado en 1961, El arte del color recoge el material didá ctico de los cursos que el autor impartió acerca del color en la famosa escuela de arte y arquitectura de la Bauhaus, un libro que, con el tiempo, se ha convertido en un clá sico en plena vigencia. Con un enfoque esencialmente divulgativo, el estudio explica los conceptos, teorí as y comportamientos del color como el cí rculo cromá tico, los contrastes cromá ticos, las mezclas de colores, el efecto espacial de los colores… Cuestiones fundamentales de la teorí a del color que son planteadas con la maestrí a del artista y la sencillez del pedagogo. Esta edició n abreviada de la obra de Itten se dirige a un pú blico amplio, tanto a aquellas personas vinculadas al mundo de la creatividad como al lector interesado en la cultura visual. Johannes Itten (1888-1967) fue un artista, diseñ ador, teó rico y pedagogo suizo. A los 16 añ os comenzó a trabajar como maestro de primaria iniciando así una carrera docente que compaginó a lo largo de toda su vida con la actividad artí stica. Tras pasar por distintas escuelas y experiencias pedagó gicas, en 1919, bajo la direcció n del arquitecto Walter Gropius, se sumó al grupo impulsor de la Bauhaus de Weimar, donde impartió sus cé lebres lecciones sobre teorí a del color. EPÍLOGO Con este libro he tratado de construir un vehículo útil con cuya ayuda el artista del color pueda recorrer un largo trecho del camino iniciado. Mi vehículo no es una caravana para gente cómoda. El libro ―un libro de texto― viene determinado por las leyes del color dadas por la naturaleza. Estas leyes brillan en el arcoíris y pueden deducirse de la esfera cromática transmitida de manera constructivista. En ella, los colores puros y sus mezclas se completan y se amplían hasta los polos negro y blanco. Con su profunda oscuridad, el negro es necesario para que la luminosidad de las luces cromáticas adquiera su correcta dimensión. La claridad de la fuerza radiante del blanco es necesaria para dar a los colores su fuerza material. Entre el negro y el blanco late el mundo cromático de las sensaciones. Mientras los colores sean cautivos del mundo de los objetos, podemos percibirlos y reconocer su regularidad. Su esencia interna permanece oculta a nuestro entendimiento y solo puede concebirse de manera intuitiva. Por eso, las reglas y las leyes solo pueden ser tablas de orientación en el camino hacia la creación de una obra de arte cromática. Ningún artista ha expuesto más reglas para la pintura que Leonardo da Vinci en su tratado sobre el tema, donde dijo: “Si para trabajar te dejas guiar por las reglas, nunca crearías nada y solo producirías confusión en tus obras”. Con ello, Leonardo quitaba a sus lectores el peso del conocimiento y los animaba a seguir su propia intuición. Lo decisivo en el arte no son los recursos de expresión y de representación, sino el individuo con su carácter y su humanidad. Primero vienen la educación y la formación del individuo, luego este ya puede construir. El estudio serio de los colores es un recurso excelente para la formación del individuo, pues conduce a la plenitud de sus necesidades internas. Comprender estas necesidades significa vivir la ley eterna del desarrollo natural. Someterse a las necesidades significa renunciar a todo empeño y ser el servidor del Creador; es decir, ser un ser humano. En mi libro he analizado un buen número de obras maestras y he tratado de interpretar su sentido oculto. Principalmente he tenido en consideración a los antiguos maestros porque probablemente muchos lectores conocen los originales. Las leyes cromáticas que demuestro con ellos son atemporales, tienen hoy la misma validez que antaño. A quien en los cuadros de Piero della Francesca, Rembrandt, Pieter Brueghel, Paul Cézanne y muchos otros maestros solo ve lo objetivo y el contenido simbólico se le niega su fuerza artística y su belleza. El sentido y la finalidad de todos los esfuerzos artísticos es liberar la esencia espiritual de la forma y el color, y soltarse de la prisión del mundo de los objetos. De un intento similar surgió el arte no figurativo. El mundo en el que vivimos hoy es diferente al de las personas de 1560 o 1860. Nuestro mundo está conformado por inventores. Con- struyen máquinas, cuyo sentido radica en su función. Pero las máqui- nas no son símbolo de una idea, sino la realización de un pensamiento funcional. Hoy en día tampoco un cuadro es un símbolo. Su existencia se justifica en sí mismo, en sus colores y formas. El pintor utiliza para sus creaciones superficies pictóricas y colores, las corrientes de fuerza fluyen de su propio interior. D