Si queremos saber quién fue José Ingenieros, leemos que se desempeñó como médico, psicólogo y docente, y que estuvo relacionado con movimientos que parecerían no coincidir: teosofía, socialismo, comunismo, anarquismo. En el fondo de esa diversidad puso en marcha su pasión más íntima: la marcha del hombre hacia un ideal de superación, el avance en nombre de un “ser mejor”, en un camino en el que la felicidad no se encuentra al llegar, sino al transitar. En 1913 publicó El hombre mediocre, en el que trasluce su vastísimo conocimiento de lo más notable de la cultura de todos los tiempos, para aclarar qué es lo más valioso a lo que puede llegar el hombre, y contrastarlo con las múltiples formas de negarse a transitar un camino de superación. En estas observaciones descubre con toda precisión y detalle lo que pasa en el hombre cuando no se toma el trabajo de ser hombre. Leer El hombre mediocre es enterarnos de todo lo que podemos ser.