Para la historia y la cultura santiaguera, la presencia francesa en la ciudad y en su entorno rural ha sldo tema de obligada recurrencia. Los cafetales fundados en las estribaclones de la Sierra Maestra, la arquilectura, la música, la moda en el vestir, la agricultura, el baile, la importación de muebles, lámparas y objetos decorativos de Europa, la pinlura y el grabado, entre otras manifestaciones de la vida socioeconómica del suroriente cubano, son testigos de los rasgos de la cultura francesa que se hicieron sentir con la emigración fraco-haitiana. Sin embargo, estos rasgos no se dieron en estado puro, tuvieron que mezclarse con los de los habitantes que poblaban esa región y con los integrantes de flujos migratorios posteriores que procedían de muchas partes del mundo. Con rasgos muy amestizados de raíces africanas, españolas, francesas y haitianas el sureste del país integran sus especificidades claramente diferenciadas al conjunto de expresiones que conforman una cultura nueva, la cubana, que se abre paso con singular vigor en el ámbito caribeño y latinoamericano.