Basada en las experiencias reales de la madre de Alexandra Diaz como una refugiada cubana en los Estados Unidos, una historia oportuna y conmovedora de la familia, la amistad, y la lucha por un futuro mejor. A Victoria le encanta su hogar en Cuba con la tierra hermosa, la deliciosa comida, su mejor amiga y prima, Jackie, y toda su amorosa y numerosa familia. Pero es el año 1960 y la situación política se está volviendo cada vez más peligrosa. Victoria, sus padres y sus dos hermanos menores tienen que salir como refugiados a los Estados Unidos. Lo peor es que tienen que dejar atrás al resto de su familia, incluyendo a Jackie. Todo es muy diferente en Miami, Florida. Victoria ayuda a su familia a establecerse en esta nueva vida con la esperanza de que no van a estar ahí por mucho tiempo. Pero en Cuba, nada sigue igual. Jackie ve como sus compañeros y los vecinos huyen y desaparecen. Cuando su familia se entera de un programa que está sacando a los menores de Cuba, los padres de Jackie deciden mandarla para Miami. Una vez que Victoria y Jackie se vuelven a reunir, ellas esperan que el resto de su familia pueda salir de Cuba sana y salva. Solo el tiempo lo dirá. Alexandra Diaz es la autora de El único destino, La encrucijada, y La travesía de Santiago. El único destino recibió el Premio de Honor Pura Belpré y el Premio de Américas de literatura para jóvenes y adolescentes y varios otros más. La travesía de Santiago se ganó una medalla de oro con los Premios Internacionales de Libros Latinos y también fue un libro notable de ALA. Alexandra es hija de refugiados cubanos y vive en Santa Fé, Nuevo México. Ella tiene una maestría como escritora para adolescentes de Bath Spa University en Inglaterra. El español es su lengua materna. Alexandra enseña a adultos y adolescentes como escribir creativamente. Para más información pueden ir a Alexandra-Diaz.com. 21 de Octubre de 1960: El aeropuerto de La Habana 21 DE OCTUBRE DE 1960 El aeropuerto de La Habana Victoria estaba inquieta. Sin querer llamar la atención, agarró un poco de la tela para tratar de corregir el problema. Por supuesto mami había insistido que se pusiera una crinolina y una sayuela debajo de la saya. Cuando uno viajaba tenía que estar vestido con sus mejores ropas. Y como el gobierno sólo le permitía llevar dos mudas de ropa, tenían que ser importantes. La humedad en Cuba le impedía llevar medias largas pero no impedía llevar guantes. Una señorita necesitaba llevar guantes, sobre todo en el aeropuerto lleno de gérmenes. —No te pongas tan inquieta, niña —murmuró mami entre dientes mientras clavaba sus uñas en el hombro de Victoria como si fueran pezuñas—. Van a pensar que estás escondiendo algo. Ella no estaba escondiendo nada, pero no podía decir lo mismo de su ropa. No había ningún remedio. Si solo se pudiera excusar para usar el baño para rectificarlo, pero mami jamás consentiría que sus hijos usaran un baño público. ¡No, qué va! Papi tampoco lo consentiría. Tenían que mantener su lugar en la muchedumbre de cubanos que estaban evacuando su país y donde llevaban más de dos horas esperando. Papi temía que los separaran de manera permanente. Si esto sucedía Victoria tendría que convertirse en la que mandaba en la familia. Mami, en su delicada condición crónica, no podía hacerse cargo de esa responsabilidad. En ese caso la molestia con la ropa sería el menor de los problemas de Victoria. —¿Qué te pasa? —Jackie murmuró en su oído. Victoria se quitó los guantes de seda. —Mis pantis se me están subiendo. Con todas estas capas de ropa no puedo agarrar los bordes. Jackie resopló y movió a Victoria de manera de que su espalda tuviera mínima visibilidad. Cuando se cercioró de que ningún soldado ni ningún extraño estuviera mirando, levantó las capas de tul de las sayuelas para que Victoria corrigiera el problema con su ropa interior. Con los guantes en las manos, Victoria puso sus brazos alrededor de Jackie y descansó su cabeza de pelo oscuro sobre la de Jackie que era rubia. —¿Qué haré sin ti? —¿Llorar hasta que te duermas? —bromeó Jackie. Pero no era una broma. Los ojos de Victoria estaban todavía rojos de tanto llorar al despedirse de tía Larita y Mamalara. Jackie trataba de hacerse la valiente, pero Victoria sabía que ella lloraría también antes de que terminara el día. Solo Victoria, sus padres y sus hermanos Inés y Nestico tenían pasaportes y pasajes para viajar. Jackie y su padre estarían con ellos solo hasta que saliera el avión. Aparte del mes que Victoria había nacido antes que Jackie, nunca habían estado separadas por más de unos días. Su casa en La Habana consistía en dos residencias: la familia de Victoria con Mamalara vivía en el primer piso y la familia de Jackie en el segundo. Cuando no estaba en su finca, a Papalfonso le gustaba tener a su familia cerca y había creado su imperio para lograrlo. Y por supuesto todo el mundo, ya fuera familia o no, siempre se reunían en casa de Victoria. O mejor dicho, en