Acercarse a Isidro, en esta última etapa de su vida, produce una mezcla de respeto, admiración, cariño, nostalgia y emoción contenida. Es casi una obligación recoger la memoria de un hombre que la ha ido perdiendo. Él, ahora, está en su mundo, ausente; pero no podemos olvidar cuál ha sido su rico mundo, porque la historia nos hace, nos espolea, nos estimula y nos enseña a vivir.