Todos los veranos Julián viaja a su lugar favorito, una pequeña villa llamada El Paso, construida durante la época del poderío Español y localizada en una isla del Mar Caribe. En todas sus visitas, Julián se encuentra con Mitle, quien ha sido su mejor amigo desde que eran niños a pesar de verse únicamente en los veranos. Sin embargo, en su última visita a El Paso, la vida de Julián cambia para siempre cuando descubre la existencia del Nasca, una máquina capaz de hacerlo viajar a través del tiempo. Sintiendo que vive en un mundo de fantasía, Julián es capaz de experimentar la vida de los Mayas de hace cientos de años -caminando por las calles de Palenque, encontrándose frente a frente con jaguares sagrados y conociendo al Chamán responsable de gobernar el Imperio Maya. Pero el encanto se rompe cuando se entera que la seguridad del Imperio está amenazada por el ataque de mercenarios, que no pararán hasta ver la gran civilización Maya convertida en ruinas. Para sorpresa de Julián, el destino del Imperio Maya depende de él, al ser el elegido para detener la amenaza de los mercenarios y salvar la grandiosa civilización. Junto con su amigo Mitle y otros viajantes en el tiempo de diferentes épocas y civilizaciones, deberá otorgar paz al Imperio y prevenir que los mercenarios lleven a cabo su plan. En una historia de amistad y aventura, Julián debe descubrir si tiene lo necesario para ayudar a la civilización Maya, o ver a la gran civilización sucumbir. Julián en Busca del Nasca perdido es el primer libro de la trilogía Julián: Enigmas en el Tiempo Julián en Busca del Nasca Perdido By Ricardo Ibarra AuthorHouse Copyright © 2016 Ricardo Ibarra All rights reserved. ISBN: 978-1-5246-4036-1 Contents Capítulo 1 El Avión, 1, Capítulo 2 La Isla, 12, Capítulo 3 El reencuentro, 25, Capítulo 4 El viaje, 58, Capítulo 5 Palenque, 93, Capítulo 6 La fiesta, 135, Capítulo 7 El Nasca perdido, 181, Capítulo 8 La Habana, 202, Capítulo 9 El rescate, 237, CHAPTER 1 El Avión Cada vez que Julián viajaba en avión tenía el mismo presentimiento, que aquel pobre aparatejo metálico sufriría algún desperfecto a medio vuelo y terminaría por convertirse en mil pedazos al chocar contra tierra firme. Este viaje parecía ser el peor de todos. Los tuvieron en una calurosa sala por más de dos horas haciendo la espera lenta y angustiosa. Finalmente, de una pequeña puerta apareció el representante de la aerolínea para informarles que era hora de partir. "Su atención, por favor. El avión designado para llevarlos a su destino final ha tenido un pequeño problema mecánico, por lo que hemos buscado otro que lo sustituya y pueda realizar el viaje. Este avión es un poco más pequeño, pero estamos seguros que su viaje será placentero. Necesito que todas las personas tomen sus pertenencias, pues vamos a comenzar el abordaje. "Ah ... otra cosa, en nombre de la aerolínea les pido una disculpa, pues el autobús que comunica esta terminal con los aviones tampoco está disponible, por lo que deberán ir caminando. Por favor, diríjanse hasta donde está estacionada aquella camioneta amarilla y den vuelta a la izquierda. Allí podrán ver el avión que les fue asignado. Gracias y disfruten su viaje." "¡Cómo es posible! Después de tenernos horas aquí ni siquiera se toman la molestia de llevarnos a la puerta del avión," dijo la mamá de Julián, recogiendo su bolso y una pequeña maleta de mano. Julián, sin decir nada, se levantó del asiento y caminó detrás de los demás pasajeros que abandonaban la 'Sala B', siguiendo las indicaciones recién recibidas. Al llegar a la camioneta y dar la vuelta Julián, levantó la vista para ver qué clase de avión les habían asignado. "Qué extraño, parece que el señor de la aerolínea se equivocó. Aquí no hay ningún avión." "Seguramente es aquél," respondió su madre, señalando una pequeña avioneta. "¿Tú crees que nos vamos a ir en esa cosa?" preguntó Julián, analizando rápidamente las características de aquel artefacto. Era una avioneta para menos de veinte personas, tan pequeña, que los pasajeros tendrían que agacharse para entrar, pues no cabrían de pie; el tamaño de las llantas era exageradamente ridículo, eran más chicas que las del coche de su mamá, y si no le fallaba el cálculo podría asegurar que eran hasta más pequeñas que las de su bicicleta. Nadie en su sano juicio creería que esas minillantitas pudieran soportar el peso de algo que supuestamente debía atravesar cientos de kilómetros y llevarlos a salvo a su destino. ¿Cómo era posible que el encargado de la aerolínea les dijera 'disfruten su viaje'? ¿Quién iba a poder disfrutar el viaje en esa cosa? "Mamá, si crees que voy a subirme a eso, estás muy equivocada," exclamó Julián, jalándola del brazo para insinuarle que abordar el avión tendría el mismo fin trágico que tirarse de cabeza de un edificio de más de cien pisos de altura. Su mamá lo tomó de la mano para abordar la nave al mismo tiempo y le dijo: "Vamos, Julián, no está tan mal. Yo he viaja