Este libro nace del dolor más profundo que puede experimentar un ser humano: la pérdida de un hijo. No lo escribí como escritor, sino como padre. Mi intención no es juzgar a nadie ni enseñar cómo criar a los hijos, sino compartir una historia real que marcó mi vida y la de toda mi familia. Si esta historia logra que un padre abrace más fuerte a su hijo, que escuche con más atención o que esté más pendiente de su vida, entonces habrá valido la pena contarla.