Hemos crecido en un mundo dominante, rígido, condicionado por una cultura de subordinación y dependencia donde la posibilidad de SER, de desarrollar la autonomía, de existir vitalmente y habitar el mundo ha sido una tarea pendiente. Crear el propio nicho y no continuar en el que “le tocó vivir” es un reto que implica afectar el alma en esta época. Buscar la manera de re-imaginar los modos de ser y de estar en el mundo con el otro es una necesidad vital ya que se ha constituido en una carencia permanente en todas las dimensiones de la vida. La tertulia viva no es un método, no presenta una estructura específica. Es un estado espiritual acompañado por una atmosfera vivificante, saludable, particular, de participación , diversidad y confianza que deja ver una realidad efímera, interacciones en sus múltiples dimensiones donde no existe una sola interpretación, una sola forma de relacionarse. Es un estado de conexiones momentáneas que marcan una ruta, un camino de experimentación con elementos tangibles e intangibles, que se describen a través de mediadores como el arte, el cuerpo, la danza, el amor, la actitud entre otros ejemplos de esa palabra flexible que ingresa al campo de las emociones y las subjetividades para conocer el mundo, expresarlo y darles múltiples significados, recomponiéndolo creativamente.