Ella creyó conocer el amor el día que lo vio caminar descalzo sobre la arena, con la camisa abierta y una sonrisa que parecía sanar. Pero lo que encontró fue un corazón hueco, un hombre de ciencia que solo sabía auscultar cuerpos, no sentimientos. Él, un médico con un pasado que lo había vuelto incapaz de amar. Ella, una mujer con el alma abierta de par en par, dispuesta a entregarlo todo. Hasta que, al perderlo, también se perdió a sí misma. Su intento de acabar con el dolor desde la corona de la Estatua de la Libertad la lleva a un hospital psiquiátrico, donde la locura se convierte en espejo, y el amor propio en su única cura. Cinco años después, cuando al fin vuelve a ser libre, el destino juega su última carta: el asiento junto a ella en el avión a Europa lo ocupa él.