Los Evangelios son sobre todo cuentos simbólicos. Ellos tienen, sin duda, el objetivo de transmitir los hechos de la vida de Jesús y su predicación; pero la importancia fundamental de los Evangelios consiste en su capacidad de transmitir, recurriendo a imágenes simbólicas, el significado profundo de sus enseñanzas. Los Evangelios utilizan los acontecimientos de los que Jesús es protagonista para suscitar, a través de ellos, la intuición de la realidad espiritual. Quien, gracias a ellos, obtiene, aunque sea por un instante, la intuición de la dimensión espiritual, ya está por ello en el camino del avivamiento. Con el fin de alcanzar la salvación, es decir, la liberación de la ilusión de los sentidos, es del todo irrelevante si las obras milagrosas descritas en los Evangelios han ocurrido materialmente. El verdadero milagro es el despertar, es el descubrimiento de la propia naturaleza eterna, y es al logro de esta dimensión espiritual que se refiere la narración de los milagros. Como los Evangelios sugieren, cada momento de nuestra vida puede y debe ser entendido en su significado simbólico. Los significados simbólicos no son conceptos que se superponen a la existencia desde el exterior: son las verdades profundas que descubrimos abriéndonos, sin oponer resistencia, a lo que la existencia nos presenta.