Aunque en la Argentina resulte muy difícil de entenderlo, todo tiene un porqué. La situación actual, luego de veinte años de democracia, lo tiene. Quisiéramos saber por qué, desde Alfonsín y su frase: "con la democracia se come, se educa y se cura", pasando luego por la década de Menem del uno a uno, y las privatizaciones vergonzosas, hemos terminado en la debacle de la Alianza, representada por la bomba de tiempo del "corralito". Quienes nos observan desde afuera suponen que el desastre empezó hace dos años y solo es culpa del gobierno de De la Rúa. "Si aguantaron diez años al patidullito y no dijeron nada", piensan ellos, "es que el águila riojana llevaba bien el país. De la Rúa lo desbarato en un año y medio". Imaginan que todo andaba bien hasta hace dos años y ahora, de golpe, se vino la hecatombe. Este razonamiento se le puede permitir a un extranjero que se haya creído la leyenda argentina. Pero, nosotros, que formamos