Entre los portaestandartes del Evangelio y los agentes de la revolución, la masonería y el protestantismo, se desarrolla una disputa por el porvenir, por el mañana. En estas páginas, Anacleto nos enseña que la estrategia contra la tiranía de la revolución y los enemigos de la Iglesia es la conquista del porvenir, y para ello —dice— habrá que estar en plena posesión de los tres poderes que nos darán la victoria: la palabra, el apóstol y la organización. Será por la palabra que la doctrina católica fecunde nuestra época y, tomando las formas propias de nuestras circunstancias y nuestro tiempo, actúe como vehículo de las ideas salvadoras que nacen del Evangelio que renovarán toda la vida social. Pero, la palabra necesita de un apóstol que se presente en la mitad del pueblo para llevar la Palabra a todos los corazones y se consagre a la conquista de los que vagan sin rumbo, desorientados, golpeados por el oleaje de las ideas revolucionarias. Cuando el apóstol y la Palabra se hayan encontrado hará falta el molde recio y firme de la organización para no ser un poder sin influjo y sin sentido, aislado, sino que, por la Palabra, el apóstol restaure los vínculos sociales que hagan posible el triunfo de la verdad y la caridad, la victoria del porvenir. Adentrémonos en el análisis del Beato Anacleto González Flores y renovemos nuestra convicción de ser los nuevos apóstoles que están llamados a organizar la esperanza para alcanzar la victoria frente al vértigo de la revolución.