Cuando los discípulos vieron a Jesús después de su resurrección, estaban entre asustados, aterrorizados, incrédulos, dudosos, confundidos, y en algunos casos, alegres o aun, extáticos. Pero, ¿por qué tenía Jesús que insistir tanto con ellos sobre la misión que tenían por delante? ¿No estaba claro cuál era su llamado, su vocación, sus tareas, y sus funciones, dado que Jesús ya les había llamado, enseñado, comisionado, y enviado anteriormente? Ellos también habían acompañado a Jesús durante su ministerio, y lo habían observado. Todo esto debería haber sido suficiente para que ellos siguieran las pautas ya establecidas. Pero, parece que no. No estaban claros sobre qué venía luego de que Jesús se hubiera ido. Por eso, se registraron cinco versiones de lo que podemos llamar “las grandes comisiones”. Tal vez, como los discípulos, nosotros tampoco estamos claros sobre el llamado o comisión de Cristo para nuestras vidas. ¿Qué es lo que él quiere con nuestras vidas? ¿Cómo debemos servirle? Por eso, las grandes comisiones siguen siendo esenciales para nosotros entender nuestro llamado y las tareas y funciones que nos tocan como cristianos hoy en día.