Fray Luis de Leon (1527-1591) encarna en las letras espanolas el modo de ser que la cultura moderna identifica con el Renacimiento. Poco importa que la mistica sea en sus libros menos evidente -y, por lo tanto, de mas raro aprecio- que en los de santa Teresa de Jesus o san Juan de la Cruz. Que la deuda que el conocimiento de la Biblia tiene contraida con el se encuentre a distancia de la que debe a Arias Montano. Que su teologia y su filosofia hayan sido menos castigadas en la Academia que las de Vitoria, Soto o Suarez. O que sus poesias cosecharan el producto de un esfuerzo cuyos meritos hay que atribuir a Garcilaso de la Vega. Lo asombroso es que se le pueda medir honrosamente con todos ellos en sus respectivos afanes; y que aun se le cayeran de la mesa las migajas (sus devaneos con la musica, la pintura, la medicina, las matematicas o la astrologia, de los que apenas nos queda registro) que completan la imagen. Sin embargo, como se encarga de adelantar el autor de este libro en sus