Escrito está. Que en los postreros tiempos Dios derramaría de su Espíritu sobre toda carne; que los hijos y las hijas profetizarían, que los jóvenes verían visiones y los ancianos soñarían sueños. No es una promesa lejana. Es una palabra viva para esta generación. Esta es la generación señalada para los últimos tiempos , que vera la gloria de Dios y caminara en la manifestación de su poder sobrenatural. No han sido llamados a sobrevivir espiritualmente, sino a vivir en plenitud, a ser portadores de su presencia y testigos visibles del Reino de los cielos en la tierra. Generaciones anteriores clamaron y trabajaron en oración para que este tiempo llegara. Ellos sembraron; a nosotros nos corresponde cosechar. La creación misma espera la manifestación de los hijos de Dios, una generación que entienda las dimensiones del Reino y viva conforme a ellas. Este legado ha sido establecido para guiar, de manera clara y práctica, a experimentar la gloria de Dios en la vida diaria. No es solo enseñanza, es herencia. Porque lo que fue escrito… se está cumpliendo ahora.