Esta nueva edición de: Los grados de la humildad y de la soberbia (obra también llamada: Los doce grados de la humildad y del orgullo ) de San Bernardo de Claraval incluye: Notas aclaratorias esenciales. - Traducción inédita a cargo de Don Alfonso Cornejo Cruz. ¿Qué futuro le presagiaríamos a un libro escrito en nuestros días que se titulase: Aprende a ser humilde ? Tampoco tendría mejor porvenir si lo titulásemos: Aprende a combatir tu orgullo , o: Los doce pasos para vencer el exceso de autoestima y amor propio . ¿Pero cómo se titulan los libros que leen los que quieren ser santos y ponen de su parte para alcanzar el premio -siempre inmerecido- del cielo? Seguramente no son libros centrados en la comodidad, en la autocomplacencia, o en la armonía con la propia mediocridad ni con la de la sociedad de la que formamos parte. Muchos de los libros más apreciados hoy podrían titularse: Cómo vencer a los demás y quedar por encima de ellos, guía paso a paso, pero la aspiración para un creyente no podría ser otra que pudiera decirse de nosotros al final de nuestra pobre vida: “Se rindió a Cristo y toda su vida caminó tras él sirviendo a sus hermanos”. ¿Dónde pretendemos hallar paz? ¿En la angustiosa batalla por preservar nuestra propia imagen? ¿En el afán de imponer nuestro criterio? Ahí sólo encontraremos lucha vana, y un yugo y una carga que nunca serán ligeros, y en los que jamás encontraremos nuestro descanso. ¿Cuál es la verdad de nuestras vidas? No malinterpretemos aquel dicho de que “la humildad es la verdad”, porque más bien lo que pretende expresar es que: “La verdad es la que nos exige humildad”. ¿Acaso somos intachables ante Dios? ¿Acaso no hemos necesitado ser salvados y perdonados con una abundante misericordia? ¿Acaso seríamos mejores que nuestros hermanos si nos halláramos en sus mismas circunstancias? ¿Acaso aquellos a los que tachamos de pecadores no nos superarían en virtud si hubieran recibido tanto como nosotros? No podemos pensar que estos asuntos pertenecen al plano teórico o que constituyen un problema tan sólo en nuestra mente. San Bernardo escribió este texto pensando en sus monjes, pero son pocas las cosas que hallaremos que nos puedan ser ajenas. ¿Acaso no cedemos a la insana curiosidad, al juicio sobre el prójimo, a la risa burlona o al menosprecio, a la autoindulgencia, a la temeridad en el hablar o al deseo de aparentar? Ese es el campo de batalla donde se enfrentan la humildad y la soberbia; que, como si se enzarzasen en una escalera, una no subirá sin hacer a la otra bajar. De algunas particularidades de la obra daremos cuenta según avancemos en sus páginas, de antemano esperemos dos partes, una primera en la que se tratarán los doce grados de la humildad, aunque no de un modo sistemático, y arrancando con diversas cuestiones acerca de la verdad (nuestra propia miseria; la de nuestro prójimo; y la Verdad, que es Cristo, Camino y Vida); y una segunda parte mucho más breve y ordenada sobre los doce grados de la soberbia, con la que el propio San Bernardo reconoce que nos puede ayudar más, dada su mayor experiencia de ella, pero que nos presenta para ayudarnos a recorrer el camino inverso, como quien ayuda a un caminante a subir a una ciudad de la que él está saliendo. [Por este motivo, y por mi propia experiencia en la dirección espiritual de almas, recomiendo a los menos iniciados a comenzar la lectura por la segunda parte si la primera les resulta -al menos en un primer momento- dificultosa]. Que esta obra sea de buen provecho, y si no nos hace ser más humildes, que nos haga ser al menos más misericordiosos con nuestros hermanos y más sencillos ante Dios… Si es que acaso eso no es ya en sí mismo verdadero camino de humildad, ya que lo contrario no sería más que soberbia. Alfonso Cornejo Cruz.