Apreciado lector (a), dime: ¿Cómo te sentirías si, por ejemplo, en vez de “Señor (a)”, te dijeran “Piel-roja” o “Cara-pálida”? Ojalá que tú no seas uno de esos coloristas que, sin ningún respeto a la dignidad humana, andan -por ahí- diciéndole “Negro (a)” a la históricamente estigmatizada -y estereotipada- gente afro. Me refiero a esos tarados que -como dice Rubén Blades- también se la pasan diciéndole a sus hijos de cinco años: No jueguen con niños de color extraño . Hay mucha gente que es racista y aún no lo sabe. Por eso, a sabiendas de que la mayoría se niega a reconocerlo, me atrevería a preguntarte: Si no eres racista, entonces: ¿Color pa' qué? Espero que ahora no me vayas a salir con el cuento de que puede haber racismo sin racistas. En fin, para verdades, te invito a leer, con sentimiento de empatía, este reflexivo libro para que comprendas que la piedra angular de lo humano es lo humano, y no algo tan superficial como el color de la piel o la forma del cabello. ¡Léelo que te conviene! Moros en la costa , es un libro que te conviene leer para que aprendas -entre otras lecciones de respeto a la diversidad étnica- que el racismo no es “chiste” ni “cariño”; que los chistes anti-negros son la forma más benigna de ‘limpieza étnica’; que la coartada “Lo decimos por cariño” es racismo disfrazado de obra de caridad cristiana; que el racismo se perpetúa con el lenguaje negrero. Y, en general, que el popularísimo discurso de ‘lo negro’ es una forma -socialmente tolerada- de matar simbólicamente a la gente afro sin necesidad de disparar. Lo anterior en el entendido de que dicho discurso arraiga en la atávica dialéctica del ‘buen amo’ y el ‘esclavo feliz’. Además de desvelar la invisibilizada historia de los africanos en posición de real poder en la Europa mediterránea de los tiempos medievales, Moros en la costa contiene las respuestas a toda esa mar de mitos (y prejuicios) que los lectores siempre han querido conocer sobre los -mal llamados- ‘negros’ y no se atrevían a peguntar por temor a salir del closet (racial). Se trata de un libro que, basado en contundentes argumentos científicos, pretende demostrar que la historia del hombre negro no empezó en la esclavización; y que la esclavización solo interrumpió la milenaria -y gloriosa- historia de África imperial. África que, para colmo de los racistas, es la cuna de la humanidad y de la civilización occidental. Si te quieres divertir al son de la etnoeducación y, al tiempo, evolucionar humanísticamente, solo tienes que leer Moros en la costa . Pues, este ensayo te enseña de cómo dejar de ser racista y no morir en el intento de disfrazar el prejuicio de color con la máscara del ‘humor negro’. Lo digo porque su contenido tiene poca ‘raza’ y mucha razón; y porque no tendría nada de raro que, a causa de su lectura, tú terminaras dando un gran salto de calidad humanística. Así que, como dice la canción, “¡Quítate la máscara!”