Este libro nació de una necesidad profunda: la de contar. Durante años, Ileana escribió los cuentos que hoy conforman este volumen, a veces entre pausas y pinceladas, en los márgenes de su trabajo como artista visual. La pintura es su primer lenguaje pero la narrativa ha ido ganando terreno en su universo creativo, impulsada por talleres de escrituras, lecturas compartidas y una búsqueda interior que le pedía la palabra escrita. El deseo de que estos relatos encontraran a sus lectores, de que no quedaran en el anonimato de un archivo, un cuaderno o una conversación casual, se cumple hoy que salen al mundo, para decir algo más que lo evidente, para tratar de capturar lo invisible, lo cotidiano, lo íntimo. La estructura de esta antología está dividida de la siguiente manera: abre con una serie de cuentos que abordan temas íntimos, profundamente humanos, ligados a las múltiples formas de ser mujer. En estos relatos, la vida cotidiana adquiere un espesor simbólico: los vínculos familiares, los cuerpos, la comida y sus sabores dibujan un mapa emocional en el que muchas lectoras y lectores podrán reconocerse. Luego, el libro se adentra en una segunda sección donde emergen con fuerza los temas que cuestionan la pertenencia y la migración. De una manera armónica, la tercera parte gira en torno a lo vernáculo: el arraigo a su tierra natal, Costa Rica, su folclore, sus costumbres y su manera particular de nombrar el mundo. Finalmente, la antología cierra con un conjunto de textos de corte más vanguardista, donde la prosa se aproxima a lo poético, lo simbólico, incluso a lo onírico. Lissette Sutton