Nacidos para correr / Born to Run: Una tribu oculta, superatletas y la carrera mas grande que el mundo nunca ha visto / A Hidden Tribe, Superathletes,

$18.95
by Christopher McDougall

Shop Now
Una aventura épica que comenzó con una simple pregunta: ¿Por qué me duele el pie?Aislados por las peligrosas Barrancas de Cobre en México, los apacibles indios Tarahumara han perfeccionado durante siglos la capacidad de correr cientos de millas sin descanso ni lesiones.  En este fascinante relato, el prestigioso periodista €”y corredor habitualmente lesionado€” Christopher McDougall sale a descubrir sus secretos. En el proceso, nos lleva de los laboratorios de Harvard a los tórridos valles y las gélidas montañas de Norte América, donde los cada vez más numerosos ultra corredores están empujando sus cuerpos al límite, y finalmente a una vibrante carrera en las Barrancas de Cobre entre los mejores ultra corredores americanos y los sencillos Tarahumara. Esta increíble historia no solo despertará tu mente; además inspirará tu cuerpo cuando te des cuenta de que, de hecho, todos hemos nacido para correr. “Uno de los mejores libros sobre correr jamás escritos”. —Runnersworld.com   “Fascinante. . .  Apasionante. . . Una oda al placer de correr”. — The Washington Post Christopher McDougall ha sido corresponsal de guerra para la Associated Press y en la actualidad es editor contribuyente de Men’s Health. Ha sido finalista de los National Magazine Awards en tres ocasiones, y ha colaborado con publicaciones como Esquire y The New York Times Magazine . Es además autor del libro Girl Trouble , basado en un reportaje sobre la cantante Gloria Trevi escrito para The New York Times . Suele correr a través de las granjas de la comunidad Amish cerca de su casa en Pennsylvania. CAPÍTULO 1   Vivir entre fantasmas requiere soledad. —Anne Michaels, Fugitive Pieces DURANTE DÍAS había estado recorriendo la Sierra Madre mexicana en busca de un fantasma conocido como Caballo Blanco. Finalmente, un rastro me llevó al último lugar donde esperaba encontrarlo: lejos de la profundidad del desierto salvaje donde cuentan que se aparece, en el poco iluminado lobby de un hotel en las afueras de una polvorienta ciudad del desierto. —Sí, El Caballo está—dijo la recepcionista, asintiendo con la cabeza. —¿De verdad? Tras oír tantas veces que acababa de irse, en otros tantos escenarios extraños, yo había empezado a sospechar que Caballo Blanco no era más que una especie de cuento de hadas, la versión local del monstruo del Lago Ness, inventada para asustar a los niños y engañar a gringos crédulos. —Siempre regresa sobre las cinco —añadió la recepcionista—. Es como un ritual. No supe si abrazarla con alivio o chocarle la mano para celebrar el triunfo. Miré mi reloj. Esto significaba que realmente iba a posar mis ojos sobre el fantasma en menos de... ¡espera! —Pero si son casi las seis. —Quizá se ha marchado —dijo la recepcionista encogiéndose de hombros. Me hundí en un viejo sofá. Me encontraba mugriento, muerto de hambre y derrotado. Estaba exhausto, al igual que mis pistas. Algunos decían que Caballo Blanco era un fugitivo; otros habían oído que era un boxeador que huía como una especie de castigo autoimpuesto tras matar a golpes a un tipo en el ring. Nadie sabía su nombre, su edad o de dónde venía. Era como un pistolero del Lejano Oeste cuyas únicas huellas eran unos cuantos cuentos chinos y el olor a cigarrillo. Las descripciones y avistamientos estaban por todas partes; aldeanos que vivían adistancias imposibles unos de otros juraban haberlo visto viajando a pie el mismo día y lo describían dentro de una amplia escala que iba de “divertido y simpático” a “raro y gigantesco”. Pero en todas las versiones de la leyenda de Caballo Blanco siempre se repetían algunos detalles básicos: había llegado a México años atrás y se había internado en las salvajes e impenetrables Barrancas del Cobre para vivir entre los tarahumaras, una tribu casi mítica de superatletas de la Edad de Piedra. Los tarahumaras quizá sean las personas más sanas y serenas del planeta, y los más grandes corredores de todos los tiempos. Cuando se trata de distancias enormes, nada puede vencer a un corredor tarahumara. Ni un caballo de carreras, ni un guepardo ni un maratonista olímpico. Pocas personas han visto a los tarahumaras en acción, pero a lo largo de los siglos han ido filtrándose desde las barrancas historias asombrosas acerca de suresistencia y tranquilidad sobrehumana. Un explorador jurahaber visto a un tarahumara cazando un ciervo con sus propias manos, persiguiendo al animal hasta que cayó muerto de agotamiento y “las pezuñas se le desprendieron”. Otro aventurero pasó diez horas escalando las Barrancas del Cobre a lomo demula, mientras que un corredor tarahumara hizo el mismo viaje en noventa minutos. “Prueba esto”, dijo una mujer tarahumara una vez a un explorador exhausto que se derrumbó al pie de una montaña. La mujer le extendió un mate lleno de un líquido turbio. El explorador dio unos pocos tragos y, asombrado, sintió una nueva energía corriendo por sus venas. Se puso de pie y escaló la montañacomo un sherp

Customer Reviews

No ratings. Be the first to rate

 customer ratings


How are ratings calculated?
To calculate the overall star rating and percentage breakdown by star, we don’t use a simple average. Instead, our system considers things like how recent a review is and if the reviewer bought the item on Amazon. It also analyzes reviews to verify trustworthiness.

Review This Product

Share your thoughts with other customers