"Luis Ignacio Betancourt resuelve su cometido poético con certidumbre, sin vacilaciones ni tropiezos en el contacto con la materia prima del idioma. En Ojo de la sombra pasa gradualmente de asumir la subjetividad desde horizontes tan amplios como el tiempo, la muerte, el nacimiento y el cuerpo a instancias del vivir como la esperanza, la misericordia, el optimismo-pesimismo, la desidia, el miedo y las palabras". —Alfredo Chacón. En Ojo de la sombra , Luis Ignacio Betancourt ofrece una noción tan tajante como aterradora: el tiempo es implacable. La muerte, esa que canta como una sirena, nos saca todo el aire, pues, tal como se anuncia desde el primer poema del libro, el tiempo nos quita todo. El sujeto nunca está en ninguna parte: es una sombra que vive diluyéndose entre lo que no ha llegado y lo que ya no está. En el matadero del mundo, el diablo está "sentado a la mesa", por lo que "no hay que preocuparse" demasiado por el "acceso al infierno" que, al parecer, está a la orden del día, listo para que todos nos unamos a la fiesta de la esperanza, donde este Ojo de la sombra se pregunta : "¿Qué miran las tinieblas?" —Graciela Yañez Vicentini.