Nada es como parece y nada parece lo que es. Eso es lo que, a un de cuentas, Jade averiguó, después de bastante tiempo. Amante de lo lúgubre y recelosa de los días soleados, encontró cabida en un hombre intruso de sus propios miedos e incapaz de ver más allá de ellos. Steve se restablecía en una sociedad que daba de lado a los introvertidos, o eso es lo que pensaba él. El odio, que se transforma en hombre cauteloso en sus primeras impresiones.