San Francisco de Sales es un testigo ejemplar del humanismo cristiano. Con su estilo familiar, con parábolas que tienen a menudo el batir de alas de la poesía, recuerda que el hombre lleva inscrito en lo más profundo de su ser la nostalgia de Dios y que sólo en Él encuentra la verdadera alegría y su realización más plena. Criado en Los Alpes y de naturaleza sencilla, desde temprano desarrolló los términos de cultura y cortesía, libertad y ternura, nobleza y solidaridad, invitando a una merienda que en su época pudo parecer revolucionaria.