Nada causa mayor daño a nuestros hijos que unos padres presentes en cuerpo, pero ausentes en alma y pensamiento durante la formación y educación espiritual de ellos. La mayoría de los niños de esta generación son educados por niñeras, maestros inconversos, la televisión, y el internet. ¿En dónde hemos quedado nosotros los padres como aquellos administradores de la herencia que Dios nos ha dado? ¿En donde hemos estado durante el tiempo tan corto que tenemos para cuidar y formar a nuestros hijos? En este libro regresaremos a los sabios principios que de la Palabra de Dios emanan. Es tiempo de recapacitar y retomar el cuidado de ese tesoro incomparable y herencia insustituible: nuestros hijos. Usted y yo, tomados de la mano amorosa de Dios, podemos acercar a nuestros hijos a la bendición del Señor, encendiendo en ellos la brillante luz de Cristo. El camino de nuestros hijos puede ser una senda segura y feliz por donde transitar mientras viven en este mundo. Y cuando ellos sean hombres y mujeres de bien, habiendo nosotros hecho bien nuestro trabajo, podremos presentar con alegría nuestra herencia al Señor. La preciosa Palabra de Dios, el Señor Jesucristo, y Su Santo Espíritu nos llevaran de la mano a recobrar esa hermosa herencia para el Señor.