“Ednita siempre ha sido la “gran dama” que nos señaló el camino, con un espíritu de innovación, tenacidad y entendiendo lo que es la música actual”. —Ricky Martin Pocos cantantes han sido capaces de generar el interés internacional y multigeneracional del que ha disfrutado la artista Ednita Nazario. Una de las estrellas del pop latino más admiradas y con más grabaciones que han resultado en hits, es reconocida por su riqueza vocal y su magnética presencia en los escenarios. En estas páginas Ednita, la diva más amada de Puerto Rico, por primera vez abre su corazón narrando su vida entera, con detalles nunca antes revelados al público. Desde sus humildes comienzos en Ponce, pasando por la pérdida de su gran amor, la bancarrota emocional y financiera y finalmente el regreso al estrellato. Ednita nos abre su corazón y su historia con absoluta sinceridad y transparencia, desde los momentos más felices de su vida hasta los más desgarradores. Una historia de inspiración, amor, familia: esta es Ednita Nazario con toda la pasión y el talento que la han convertido en una de las estrellas más celebradas de nuestra era. Ednita Nazario nació en Ponce, Puerto Rico e inició su carrera musical a la tierna edad de los seis años y ha continuado este viaje con numerosos álbumes Platino, Oro y Top Ten, tanto en el mercado nacional como en el codiciado mercado internacional. Ha realizado largos tours por los Estados Unidos, América Latina y Europa. Nazario ha sido galardonada con importantes distinciones como los Billboard Awards y nominaciones a los Grammy, el premio ASCAP al Artista Más Influyente y Excelente, el Premio Música en su Puerto Rico natal, entre otros. Nazario apareció en Broadway en The Capeman de Paul Simon, lo que le valió un Theatre World Award y una nominación del Drama Desk Awards. En 2016 recibió el Lifetime Achievement Award en los prestigiosos Grammys Latinos por el total de su obra y su excelencia en la industria musical. 1 EL COMIENZO Mi madre alguna vez me dijo que yo había llegado al mundo para salvar a mi papá. Me contó que cuando yo era bebita, a veces encontraba a Papi tendido a mi lado en la cama, diciéndome: «Tú me vas a salvar, tú me vas a salvar». Papi era un hombre muy sociable y amiguero, pero también sufrió de depresión durante su vida, y aunque la tenía muy controlada, padeció un par de momentos difíciles, uno de ellos cuando yo nací. Según mi mamá, yo le di nuevo ímpetu a Papi. Era su primera nena, una nueva y gran responsabilidad, y no me iba a defraudar. Así fue. Quizás yo salvé a Papi, pero él también me salvó a mí, no sólo de chiquita, sino también muchos, muchos años después, cuando creí haberlo perdido todo. Yo nací en Ponce, la segunda ciudad más importante de Puerto Rico, en el sur de la isla. Es una ciudad grande, bella, conservadora, arraigada a sus costumbres y su cultura, muy orgullosa de sus raíces. Dicen que Ponce es Ponce y lo demás es parking . No sabría decir de dónde viene el dicho, pero los que nacimos ahí, lo aprendemos desde la cuna. Es una ciudad con mucha historia y mucha cultura ya que el primer museo de arte moderno importante de Puerto Rico se hizo en Ponce. Gente muy ilustre ha salido de allí: escritores, deportistas, artistas plásticos, beisbolistas de las grandes ligas, políticos destacados,cientificos y, por supuesto, músicos reconocidos por el mundo entero. Ponce es como todo Puerto Rico: se respira música por todas partes. Desde que naces, vives cantando, tocando algún instrumento o bailando. La música es parte de nuestra identidad... En mi familia somos cuatro hijos: Tito, el mayor; Alberto, el segundo y más cercano a mí en edad; luego nací yo y después vino el menor, Frank, o Pancho, como le decimos cariñosamente. Yo era la única mujer. Nací de sorpresa, casi por equivocación, después de que mis padres ya habían criado a Tito y Alberto y daban por «cerrado» el capitulo de los niños. Cuando llegó Pancho, el consentido, estaban resignados a que podrían venir más hijos y su llegada fue sorpresiva pero feliz. Alberto y Tito nacieron en Mayagüez. Frank y yo nacimos en Ponce, durante la segunda etapa del matrimonio de mis papás. Allí nos criamos los cuatro. Papi y Mami se conocían desde pequeños. Eran de origen humilde pero siempre se esforzaron mucho para progresar. Nunca sentí que no tuviésemos dinero o que algo nos faltara, pero ricos, no éramos. Papi se llamaba Domingo , y trabajaba en la Autoridad de Energía Eléctrica. Era el supervisor de seguridad de la compañía y por su trabajo se la pasaba «puebleando». Viajaba para supervisar los proyectos de iluminación y tendidos de cables eléctricos de la zona sur del país. Mami se llamaba Gudelia, pero casi todo el mundo le decía doña Gudy. Era la segunda de cuatro hermanos y se casó muy joven, de sólo diecinueve años. Mami trabajó toda su vida, mayormente de secretaria en oficinas, y de hecho estuvo mucho tiempo en la Autoridad de Hogares de Puerto Rico, una corporación de gobierno que asiste a