Vida del padre Baltasar Álvarez es una obra que combina elementos biográficos y reflexiones espirituales, centrada en la vida y la ascesis cristiana del Padre Baltasar Álvarez. Escrita por Luis de la Puente en un período en el que la Compañía de Jesús estaba en expansión, la obra se convierte en un testimonio valioso sobre la práctica y la filosofía religiosa de la época. El texto no es simplemente una biografía en el sentido tradicional; más bien, se trata de un documento que ofrece una profunda introspección en los esfuerzos de martirio y purgación que marcaron la vida del Padre Baltasar. Este enfoque le confiere una dimensión única, haciendo de la obra una fuente inestimable para aquellos interesados en estudiar los fundamentos del cuidado del espíritu en la historia de las religiones. El prólogo, dirigido "Al cristiano lector", establece la intención de la obra de servir tanto como un modelo moral como una forma de perpetuar la memoria de un hombre virtuoso. Este enfoque didáctico es una característica común de la literatura religiosa del siglo XVI, donde la vida de un individuo se presenta como un ejemplo a seguir, una encarnación de los ideales espirituales y morales de la época. Luis de la Puente emplea un lenguaje que refleja la solemnidad y la gravedad de los temas tratados. Además, la obra se inserta en el contexto más amplio del legado de la Compañía de Jesús, contribuyendo a la comprensión de la espiritualidad jesuítica, marcada por la disciplina, el ascetismo y un profundo compromiso con la vida interior. Vida del padre Baltasar Álvarez es más que una simple biografía; es una obra reflexiva que ofrece una ventana a la espiritualidad y la ética religiosa de su tiempo, convirtiéndose en un material esencial para cualquiera interesado en la historia del cristianismo, la ascesis y el desarrollo espiritual. Su enfoque en la virtud y la santidad lo convierte en un texto atemporal, cuya relevancia trasciende su contexto histórico para ofrecer lecciones duraderas sobre la búsqueda de una vida significativa y virtuosa. Vida del Padre Baltasar Álvarez By Luis de la Puente Red Ediciones Copyright © 2015 Red Ediciones S.L. All rights reserved. ISBN: 978-84-9816-998-0 CHAPTER 1 Del nacimiento y crianza del Padre Baltasar; de su entrada en la Compañía, noviciado y estudios El Padre Baltasar Álvarez fue natural de la villa de Cervera, obispado de Calahorra, adonde nació el año de 1533, de padres nobles. Su padre se llamó Antonio Álvarez, y su madre Catalina Manrique. Fue muy bien inclinado desde niño, dando muestras en la niñez de la devoción que había de tener cuando grande; porque sus ordinarios entretenimientos eran hacer cruces, altares y procesiones. Criáronle sus padres cristianamente, haciéndole aprender las primeras letras y el latín en su mismo pueblo; en el cual como hubiese aprovechado bien, lo enviaron a la Universidad de Alcalá, donde oyó las Artes, y se graduó de Maestro, y prosiguió oyendo dos años de Teología, con mucho provecho suyo. En este tiempo le iba nuestro Señor aficionando y labrando en la virtud, conforme a lo que dél se quería servir; y como era inclinado a devoción y recogimiento, deparóle Dios compañeros y personas recogidas que lo ayudasen para ello; porque, como dijo Salomón, el que se acompaña con sabios, será sabio, y el que anda con recogidos y devotos, será como ellos; lo cual experimentan mucho más los mozos, a quien por su tierna edad se pegan fácilmente las palabras y costumbres de los amigos con quien tratan; y cuando son bien inclinados, juntándose con buenos se perfeccionan mucho en sus buenas inclinaciones. Y así nuestro devoto mancebo, y en especial desde el año 1551, por la comunicación que tuvo con un siervo de Dios, comenzó a tomar dos ratos de tiempo: uno a la mañana, en levantándose, y otro a la noche, en que recorría su conciencia y meditaba algunas cosas que Dios le daba a sentir. Y como hallase gusto en esto, vino después a tomar costumbre de añadir otros ratos entre día para orar, con que se acrecentaba el gusto y el provecho; y el mismo hallaba en leer buenos libros y tener buenas y santas conversaciones. Por medio destos ejercicios le dio nuestro Señor, cuatro años antes de entrar en la Compañía, un encendido deseo de dejar el mundo y seguir los consejos de Cristo nuestro Salvador. Porque mirando su vida pasada cuán astrosa había sido, como él decía, y cuán ingrato a quien tanto bien le había hecho, parecíale que para servir a Dios de veras y mirar por la salvación de su alma le convenía tomar estado de religión, adonde se alcanza esto con mayor seguridad y perfección. Pero entibiábale en este buen propósito un continuo pensamiento que le combatía, acordándose que sus padres gastaban con él mucho en los estudios, y no era bien desampararlos en la vejez: especialmente, que en las cartas que le escribían le mandaban se encargase de dos hermanas pequeñas que tenía, porque si ellos morían no tenían otro padre sino a él. Y como tenía gran respe