En esta entrega analizo la realidad compleja y actual de La Creación, del Medio Ambiente o de la madre naturaleza, en sus puntos más relevantes, así como un extracto del pensamiento de la comunidad internacional, y sobre todo la destacada postura de la Iglesia Católica en su Doctrina Social, en el interés de concientizar y actuar a favor del hombre y de su entorno vital.La naturaleza, como organismo viviente, hace relación a una interconexión recíproca entre todos y cada uno de sus recursos: aire, mar, tierra, flora, fauna, lo cual significa que tanto la salud como la degradación del ambiente no conocen fronteras en el orden de sus efectos. Esta es la razón principal por la cual ubico este análisis en un contexto internacional.El hombre como tal es quien está en el centro de la naturaleza, pero llamado a ser custodio inteligente y no explotador de la misma. El por qué más evidente de esta afirmación lo encontramos en la Encíclica programática de todo el Pontificado de San Juan Pablo II: “[…] el sujeto que, por un lado, trata de sacar el máximo provecho y el que, por otro lado, sufre los daños y las injurias es siempre el hombre” (RH 16). Esta aclaración necesaria también la hace el Papa actual Francisco, en su Encíclica ¨Laudato si¨ (sobre el cuidado de La Casa Común) al afirmar: ¨…hoy debemos rechazar con fuerza que, del hecho de ser creados a imagen de Dios y del mandato de dominar la tierra, se deduzca un dominio absoluto sobre las demás criaturas¨ (LS 67).En el plano real, las acciones del hombre que son contrarias al ritmo normal de la naturaleza, se revierten en perjuicio del mismo hombre. De este modo entra en crisis la concepción del progreso y el desarrollo basados en la explotación de los recursos “ilimitados” de la naturaleza, así como la aceptación de la ciencia y la tecnología como vías de solución a “todas las necesidades” y problemas existenciales.Sin embargo, el discurso más acertado camina hoy por los senderos del denominado “Desarrollo Sostenible”, en el cual se busca satisfacer las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras de satisfacer las propias. El legado más importante que una generación recibe de otra es indudablemente la naturaleza con sus modificaciones favorables o desfavorables, fruto de la actividad humana.Los impactos de las actividades humanas que degradan el ambiente y erosionan los ecosistemas de la tierra, preparan un escenario que atenta contra la biodiversidad y contra el hombre como tal, y esto es lo que aquí busco describir: el proceso de degradación ambiental que amenaza la existencia de la naturaleza y la vida del ser humano, por lo que se ha de privilegiar una educación ecológica escolarizada y sistemática, en orden a crear una verdadera conciencia y revolución moral que tienda a favorecer una acción real de recuperación y previsión ambiental.Los objetivos específicos los presento en el orden de los cuatro capítulos que busco desarrollar:Describir el curso histórico y actual de la actitud del hombre en cuanto al uso y conservación de los recursos naturales, acentuando los problemas ambientales más críticos y sus implicaciones políticas, económicas, sociales, antropológicas e históricas.Presentar la reflexión de la Enseñanza Social de la Iglesia en lo relativo al ambiente, y sobre todo su incidencia moral mediante la educación, concientización y acción ecológicas.Destacar las propuestas educativas, estratégicas y de acción de la comunidad internacional y sus organismos representativos en torno al Medio Ambiente global.Proponer formas concretas para contribuir en la prevención de los problemas ambientales, y a la vez actuar en favor de la preservación de nuestro entorno desde los lugares concretos donde convivimos.